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No eres tú, son tus canas

21 ago
9 min de lectura

Actualizado: 28 ago

Sobre la presión de vernos jóvenes, el miedo a parecer descuidadas y todo lo que gastamos intentando que nuestra edad no se note.


Llevaba algunos días queriendo escribir sobre el tema, los mismos que tengo arrancándome cabellos blancos… con culpa, seré honesta. Me siento confundida sobre el mensaje que doy sobre aceptación corporal y lo que siento ahora mismo respecto a mis canas y el significado que les doy.


Mientras buscaba información para compartir en el artículo, me encontré pensando en dejarme las canas, y me imaginé luciendo cinco canas en la parte más visible de mi cabeza, pero eso sí, con el cabello alisado, rizado o peinado. Y entonces fue cuando me di cuenta: mi concepción sobre las canas no tiene que ver con el miedo a envejecer, sino con la percepción de descuido.


Mujeres, no me van a dejar mentir cuando digo que dejarse las canas es toda una lucha de pensamientos como:


“Me voy a ver vieja”.

“Seguro pensarán que soy una fodonga”.

“Van a creer que tengo más edad de la que en realidad tengo”.

“No quiero verme vieja y descuidada”.

“Va a parecer que no tengo dinero para pintarme el cabello”.

“Van a pensar que no me estimo o cuido lo suficiente”.


¿Te suena familiar?


Todos estos son pensamientos que muchas mujeres tienen al ver que sus canas ya son visibles.


La presión social por verte joven, la violencia estética que reciben las mujeres que no se ven como el estereotipo de belleza del momento, la relación que hay entre la juventud, la belleza y el atractivo, el prejuicio sobre el nivel socioeconómico (¿te alcanza para teñirte el cabello?), el edadismo, la gerontofobia y la gerascofobia, son algunas de las principales razones por las que las mujeres no se permiten dejarse el cabello sin pintar cuando comienzan a salir las canas.


¿Quién decidió cuándo está permitido tener canas?



Y para aquellas “valientes” que han decidido aceptar y lucir su “gray hair”, tienen también que considerar a qué edad lo hacen. Si tienen arriba de 60 años es permitido, pero ¿qué hay de quienes a partir de los 30 o menos comienzan a tener canas? Socialmente no está permitido porque aún no es tiempo…


Toda esta curiosidad me llevó a investigar más sobre el rechazo a envejecer, y encontré tres términos que llamaron mucho mi atención y que mencioné antes.


Gerontofobia, el miedo a la vejez y estar rodeado de personas de la tercera edad; gerascofobia, el miedo a envejecer; y el edadismo, un término que, relacionado con los estereotipos, los prejuicios y la discriminación, explica qué es lo que la gente piensa, siente y actúa de forma negativa en relación con los demás o consigo mismos sobre la edad, especialmente en las mujeres, quienes viven una doble discriminación, tanto por los estereotipos del envejecimiento (pérdida de capacidades, una carga para los demás, personas aburridas y desactualizadas) como de la apariencia física (poco atractivas y pérdida de belleza).


Muchas veces este miedo a envejecer se debe a la pérdida de salud, las capacidades físicas y el acercamiento a una etapa final, pero, por desgracia, esa no es la única causa por la que las mujeres no quieran que se les note la edad, sino también la relación de la belleza con la juventud y el valor que le da la sociedad a la persona dependiendo de su edad.


A los hombres les salen canas, a las mujeres les salen “problemas”


Las mujeres resultan ser más juzgadas que el género masculino por su físico. Un ejemplo es el término silver fox, creado para definir el atractivo que un hombre adquiere al paso de los años y al llegar a la tercera edad, que no resulta igual en el caso de las mujeres, quienes nos vemos empujadas por todos lados (familia, amigos, pareja, publicidad, medios de comunicación, entre otros) a ocultar la edad y el paso del tiempo.


Mi pregunta sería: ¿qué hay de malo en envejecer?


Envejecer no debería ser un insulto


Por ahí del 2023 entré a una plática impartida en la IBERO sobre resignificar la edad. Una plática donde aprendí que hay muy pocas condiciones y oportunidades en la ciudad y el país para personas de la tercera edad, pero lo más triste es que ¡para allá vamos todos! Y con los avances en medicina, seremos más longevos. Aunado a que habrá menos población joven porque muchas parejas no quieren tener hijos. Así que el porcentaje de personas de la tercera edad está en aumento.


Y no solo eso, sino que en nuestra sociedad, anciano y viejo se vuelven insultos por todo lo que es considerada una persona de la tercera edad. Una carga, una persona que no sabe de temas actuales, aburrida, enferma, dependiente… y mucho tiene que ver con cómo, durante generaciones, han decidido envejecer, pero también con no darles una oportunidad para verlos diferente.


Mientras en nuestra cultura sucede esto, en Asia un anciano es una persona con experiencia, de respeto, un sabio que tiene mucho conocimiento por compartir, donde los cabellos grises y las canas son un símbolo de mucha vida recorrida y, ¿qué no es eso uno de los mejores regalos?


¿En qué momento algo de orgullo y respeto pasó a ser sinónimo de descuido?


Hay una industria que gana cuando tú quieres verte más joven


La respuesta: toda una industria que nos empuja, por no decir fuerza, a vernos eternamente jóvenes, vendiéndonos muchos productos para lograrlo.



Desde cremas de rejuvenecimiento, sueros antiaging, procedimientos estéticos, botox, incluso, desde tempranas edades, 20 años con el famoso baby botox, y todo lo que los medios de comunicación nos han enseñado sobre la belleza, siempre alguien joven y delgado.


Lo cual me sorprende aún más, ya que gran parte de los años de las mujeres son dedicados a ser delgadas, pero a cierta edad no es suficiente con ser delgadas, sino también hacer lo posible por no envejecer (o por lo menos que no se vea).


Así que, si los recursos (tiempo, dinero, energía y espacio mental) se ven divididos y limitados a mantener un cuerpo delgado, a partir de los 35 tendrá que aumentar la atención de controlar el peso a controlar la apariencia de la edad también.


Las consecuencias son: menos dinero, menos tiempo y menos energía para hacer otras cosas.


Dime, ¿qué harías con las horas y el dinero invertidos en tintes, botox, cremas antiarrugas, masajes reafirmantes y otros tratamientos para “conservarte”?


¿Cuánto cuesta que tu edad no se note?


Según el artículo de Forbes, “La belleza cuesta, pero ¿realmente lo vale?”:


“En cuestión de tiempo el promedio estimado invertido al día por una mujer en su maquillaje puede ser de hasta 45 minutos. La industria de la belleza tan solo en Estados Unidos representa una economía de 200,000 millones de dólares anuales. Los gastos varían desde 115,000 millones en arreglos personales, 38,000 millones invertidos en el cabello, hasta 18,000 millones en cosméticos y 15,000 millones en perfumes. Este interés económico tan fuerte sostiene la industria creada alrededor de la belleza, la cual no se encuentra debidamente regulada y si bien es cierto que pueden existir compañías formales y honestas, también se presta a situaciones de explotación desproporcionada. Un ejemplo de esto último es el caso de las cremas antiarrugas, las cuales no guardan ninguna relación entre su costo y su efectividad e incluso se ha estimado en algunas de ellas que el costo de los ingredientes es tan solo de 7 centavos por cada dólar. El resto del valor se invierte en envases vistosos y publicidad o se convierte en ganancia para el fabricante” 

(Forbes México, s. f.).


Mientras que Vogue refiere:


“Sabemos que globalmente el mercado de tintes para el cabello en casa genera $1.4 mil millones en ingresos anuales, mientras el negocio de tintes para el cabello en salones apenas menos de $1 mil millones, de acuerdo con WGSN. El predictor de tendencias afirma que en ambos segmentos, la mitad de esto se puede atribuir a la cobertura de canas” 

(Vogue México, s. f.).


¿Y aún nos queda duda de si a la industria de la belleza le conviene que sigamos insatisfechas con nosotras mismas?


No solo compramos productos, compramos la promesa de no envejecer


Cambiar la narrativa sobre el envejecimiento de las mujeres puede significar sanar nuestra autoimagen.


Existe un nuevo movimiento llamado Gray Hair, que comenzó a mediados de los 2000, pero con mucho más peso actualmente. Con famosas como Demi Moore, Katie Holmes y Sarah Jessica Parker, quienes son los rostros de este movimiento que busca normalizar y resaltar la belleza de las canas.


"Gray Hair está motivado por el empoderamiento femenino y defiende la idea de que las mujeres no deben tener la obligación de teñir sus canas. Por el contrario, resaltan que las canas están lejos de ser un sinónimo de descuido y que forman parte del proceso natural de envejecimiento. Quienes forman parte de este movimiento, o bien, solo les gusta lucir sus canas, explican que las canas son también una reivindicación a otras formas de belleza, dando pie a lo natural (https://www.instagram.com/p/CoDNjhcr54c/).


Según Cuerpomente, “las personas que aceptan su imagen sin ocultar el paso del tiempo presentan mayores niveles de bienestar emocional, disfrutan más de sus relaciones y tienen una mayor capacidad de autorreflexión” (Cuerpomente, s. f.).


Aceptarte no significa amar todo de ti


Si dejamos atrás la connotación que cada una le da a las canas y nos enfocamos en el verdadero origen, encontramos que las canas son el resultado de una menor producción de melanina, que es lo que le da el color al cabello. Biológicamente, eso. Pero también nos hablan de una nueva etapa, un camino recorrido que nos ha entregado experiencia, sabiduría, momentos de disfrute y momentos de aprendizaje.


Existen opiniones radicales respecto a la aceptación corporal y el body positive (positivismo corporal), de quienes dicen que ambos conceptos romantizan los cambios corporales y que todo el tiempo debes amar todo de ti, aunque en realidad esa es una fantasía utópica.


La aceptación corporal es respetar y cuidar tu cuerpo independientemente de su tamaño, peso o forma, y el body positive es agradecer y amar tu cuerpo sin importar nada y celebrar lo que te permite hacer.


Con esto como base de mis estudios y mi trabajo con la imagen personal, propongo lo siguiente:

Si cada una de las canas fuera un recordatorio de un aprendizaje nuevo, ¿qué sentiríamos respecto a nuestro cabello blanco al encontrarnos con ellos en el espejo?


¿Y si cada cana contara una historia?


Inspirándome en uno de los ejercicios que hacemos durante los procesos de Coaching de Imagen, te animo a sumarte al siguiente reto.


Cada vez que encuentres una cana, escribe en tus notas del celular o en tu journal qué nuevo aprendizaje crees que marca esa cana, qué nueva experiencia y, tal vez, si te tomas un poco más de tiempo, un resumen de lo que has vivido en este periodo de tiempo, como si marcáramos un antes y después de esa nueva cana.


Poco a poco tendremos una lista llena de experiencias, recuerdos significativos y personas que nos han acompañado, representados en nuestro cabello.


Hasta llegar al punto en el que no necesitaremos de esta lista y, al encontrarnos con una cana nueva, sentiremos agradecimiento y reconocimiento a nuestro cuerpo por permitirnos llegar a donde estamos hoy.



¿Qué harías si dejaras de gastar en aparentar?


Al final, cualquier decisión es válida, pero la invitación en este artículo es reflexionar:


¿Qué harías con ese dinero, tiempo y energía mental que inviertes en tratar de ocultar tu experiencia, tus vivencias, tu conocimiento… tu historia?

¿Qué podría ser más importante que aparentar?


A mí se me ocurre agradecer y disfrutar.


Artículo creado por Lic. Abigail Águila

 Cert. Coach de Imagen con enfoque en aceptación corporal


Fuentes consultadas:



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