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Fui a Chicago y esto es lo que reflexioné sobre la atención al cuerpo y la ropa

Actualizado: 6 mar 2025



Llegué el 27 de diciembre a Chicago subestimando el frío. Ya había estado en Canadá y había sido todo muy tranquilo, así que ¿por qué no iba a aguantar el frío de Chicago?


Llevé mis outfits planeados para aprovechar bien el espacio del equipaje y tener practicidad para todos los lugares a los que tenía planeado ir, sin embargo, el primer día casi se me gangrena la cadera. Me llevé jeans muy ajustados y no miento al decir que sentía que se me partía en dos el cuerpo entre mis jeans nuevos y los térmicos que llevaba. En la última boutique donde hicimos shopping no pude más y corrí al baño a quitarme los térmicos y arriesgarme a pasar un buen rato con frío con tal de no estar ni un segundo más con el insoportable dolor. No aguantaba la cadera de toda la presión que había tenido todo el día en esa zona del cuerpo y ¿qué creen? Comenzaba a ponerme de malas. Seguro les ha pasado que si la ropa es incómoda influye en su estado de ánimo, así que: lección 1: La comodidad debe de ser prioridad al vestirte.



Al siguiente día, el plan era ir a esquiar y ahí fue donde reforcé el aprendizaje del primer día: No hay como el sentimiento de libertad corporal con la ropa. Literal es nuestra segunda piel y así debería de sentirse. En ningún momento pasé frío, pude concentrarme en lo que estaba por hacer y mis pensamientos estaban enfocados en el paisaje que tenía enfrente, las demás personas que al igual que yo intentaban descifrar la mejor técnica para "caer con estilo" y en cómo tenía que dirigir mi cuerpo para ello.


Durante el viaje, me tocó ¡nevada!. Nunca había visto nevar y mis expectativas de las actividades que tocaban ese día habían aumentado gracias a la magia de la nieve cayendo en forma de estrellitas. Para ese día, tenía planeado volver a usar los jeans con mis térmicos pero, con la experiencia previa del primer día, por supuesto no tuve que pensarlo dos veces para modificar el look, lo cual me lleva a la lección dos: Improvisar con la ropa te la da oportunidad de re-dirigir tus elecciones hacia tus prioridades y conectar contigo. Así que tomé los leggings más cómodos que llevaba, los térmicos más calidos, dos chamarras, unos guantes para nieve que me prestó mi mejor amiga y un gorrito de Mickey Mouse y, a pesar de que me gusta la estructura, no podía creer lo tranquila y feliz que me sentía con mi elección de ropa, aunque no fuera la que había planeado.


Ese día no salieron las cosas como esperaba, pero estar cómoda en mi ropa (estética) me permitió moverme con facilidad (cuerpo) mientras pensaba con claridad en soluciones y ponía en práctica la gestión emocional que he trabajado en terapia (mente). Tener ropa cómoda, sin presión corporal, me permitió estar más presente, me ayudó a lidiar con la frustración y ver las cosas desde otra perspectiva.


Al paso de los días fui recordando cada vez más el objetivo principal con el que se creó la ropa: protegerte de las condiciones climáticas. Observé qué tanto influye que tu elección sea adecuada o no a nivel postura al vestir ropa para el tipo de clima y ropa que no está siendo funcional. Por ejemplo, cuando me ponía ropa que no me protegía lo suficiente para el frío todo mi cuerpo se contraía, mi cuello se encorvaba, estaba tensa de los hombros y terminaba mucho más agotada que los días en los que la ropa era la correcta para la temperatura y eso me llevó a analizar cómo influye en nuestra energía física y mental, pues al ponerme ropa que no me cubría tanto el frío, mi cuerpo gastaba energía en producir calor y mi mente en buscar distraerme o enfocarme en otra cosa que no fuera el aire calándome los huesos, lo que hacía que estuviera más distraída de lo normal. Lección 3: La ropa que elijas influye en la energía corporal y mental.


Pensaba en qué era lo que me haría moverme cómodamente, me protegiera del frío y me

gustara. Y con gustarme quiero decir ver reflejada mi personalidad en mis prendas. Me encantaba ver mi reflejo a través de las ventanas de los grandes edificios y encontrarme a mí, sin tener que cuidar la postura por la ropa, ni estar acomodándomela y mucho menos pensar en cómo se ve mi cuerpo con lo que llevo puesto (algo que sé está presente en la mente de muchas mujeres). Lección 4: Sentirse bien con lo que llevas puesto es también gustarte visualmente, no porque estás a la moda o porque se vea de cierta forma tu cuerpo, sino porque en tu reflejo ves tu personalidad a través de tu ropa, sin pensar en factores externos.


Recapitulé y valoré la importancia de tener prendas que se ajustan a mi cuerpo (y no al revés), así como a mi personalidad, permitiéndome jugar con diferentes combinaciones, explorar algunas que no me hubiera imaginado, y sintiéndome bien con cada una de ellas. Al final, todo lo hacía pensando en mí y en lo que necesitaba, no en los demás. Esto me llevó a formular la lección 5: que toda tu ropa esté pensada para ser funcional en tus actividades y acorde a tu personalidad, simplemente te facilita la existencia. Prioricé estas necesidades de las que les hablo y, con base en eso me vestía y salía a la calle a disfrutar de las vistas, escuchar lo bulliciosa que puede ser la ciudad, saborear la deliciosa y variada comida, gozar de la compañía, y simplemente vivir el momento.


Y tú, ¿qué lecciones me pueden compartir respecto a vestir para ti?


Artículo creado por Lic. Abigail Águila

 Coach de Imagen con enfoque en aceptación corporal



 
 
 

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